
Este año que comienza va a traer consigo la celebración de un Año Santo Jubilar en el Santuario de la Virgen de la Cabeza de Andújar. El Jubileo o Año Santo es en la Iglesia Católica una celebración concedida por la Sede Apostólica que tiene por objeto obtener la indulgencia plenaria, que siempre puede ser aplicada por el eterno descanso de los difuntos, y que se obtiene con unas determinadas condiciones, imprescindibles para obtener el jubileo, y que nunca pueden ser cambiadas.
Para entender el significado de la indulgencia, tenemos que tener presente que cada vez que cometemos un pecado, nos hacemos merecedores de una pena, que podrá ser eterna si el pecado ha sido grave, o temporal, si ha sido venial. Cuando en la confesión se nos perdonan los pecados graves, siempre queda una huella, una “mancha” en nuestro “expediente”, que es necesario limpiar por medio de las buenas obras y de la penitencia. Por eso, la Indulgencia plenaria, por la cual se borran todas la penas temporales, es una especie de borrón y cuenta nueva que Dios hace con nosotros por medio de la Iglesia. Algo que hay que tener en cuenta. Si la indulgencia se aplica por los difuntos, el alma del difunto por la que se aplica deja inmediatamente el purgatorio y pasa a gozar del cielo, y si esa alma ya está en el cielo, se beneficia el alma que más lo necesite, con lo cual, además, estamos haciendo un acto de generosidad. Que se nos tendrá siempre en cuenta en el más allá.
Los jubileos católicos tienen su origen en el Jubileo hebreo el cual encuentra sus raíces en el Antiguo Testamento al establecerse en el libro del Levítico 25, 10 "Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresara a su familia".
El jubileo judío se celebra de cincuenta en cincuenta años. Esta palabra viene del hebreo jobel, que significa cuerno de macho, porque se usaba de este cuerno para anunciar al pueblo el año del jubileo. Este era un año sabático en el cual se descansaba, y se ponían los esclavos en libertad, y durante el cual también se restituían las posesiones que se habían comprado.
No se sabe con exactitud si ese jubileo era cuarenta y nueve o cincuenta pero las compras que se hacían entre los judíos no eran para siempre sino hasta el año del jubileo y los agricultores descansaban ya que estaba prohibido cultivar o sembrar la tierra.
Los judíos observaron esta práctica con mucha exactitud hasta su cautiverio en Babilonia pero no la siguieron después como lo notan sus doctores en el Talmud, quiénes aseguran que no hubo más jubileos en tiempo del segundo templo.
Sin embargo esto R. Moises hijo de Maimon asegura en su compendio del Talmud que los judíos han continuado siempre sus jubileos porque este modo de contar les servía para arreglar sus años y para la celebración de ciertas festividades.
En la tradición católica, el Año es un gran suceso religioso. Es el año de la remisión de los pecados y de las penas por los pecados, es el año de la reconciliación entre los adversarios, de la conversión y de la penitencia sacramental, y, en consecuencia, de la solidaridad, de la esperanza, de la justicia, del empeño por servir a Dios en el gozo y la paz con los hermanos.
¿Y cómo se podrá ganar el jubileo este año en el Santuario de la Virgen de la Cabeza de Andújar? Cumpliendo las siguientes condiciones, Todas ellas imprescindibles:
1. ESTAR EN GRACIA DE DIOS.
2. CONFESARSE SACRAMENTALMENTE CON UN SACERDOTE ocho días antes u ocho días después de haber acudido al Santuario de la Virgen de la Cabeza (recordemos que el sigilo sacramental es inviolable por parte del sacerdote, que se expone a las penas más graves si lo quebranta).
3. RECIBIR LA SAGRADA COMUNIÓN.
4. VISITAR EL SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LA CABEZA, y participar allí de algún acto de culto, como la Misa, el rezo del Rosario, u otro similar; Y REZAR POR LAS INTENCIONES DEL PAPA.
Hay que decir también, que se puede ganar el jubileo una sola vez al día durante todos los días que dure el Año Santo; y que una misma confesión vale para ganar durante varios días la indulgencia plenaria, pero que para ganar cada indulgencia plenaria, es necesaria una comunión por indulgencia, en las debidas condiciones.
No dejemos pasar esta oportunidad que Dios y la Virgen Santísima nos ofrecen durante este año.
By.- R,C
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