Los años cincuenta y sesenta del siglo XIX fueron decisivos tanto para la historia de la devoción ruteña a la Virgen de la Cabeza como para su cofradía. Aquella fue una etapa de recuperación tras unas décadas muy turbulentas, así como de consolidación de esta advocación mariana como la principal entre los vecinos de Rute.
Si echamos la vista atrás, veremos que, en poco más de tres generaciones, el culto a la Morenita logró superar la etapa de suspensión de las cofradías cabezonas (1773-1782), la devastadora invasión francesa de la Grand Armée de Napoleón, los vaivenes de la política española entre liberales y absolutistas con un sinfín de pronunciamientos y purgas, y los excesos anticlericales de los gobernantes liberales más exaltados, a los que molestaba profundamente la fe católica del pueblo español. Nihil novum sub solem.
Pensemos, por ejemplo, en la desamortización de Mendizábal (1837), uno de los mayores latrocinios perpetrados contra la Iglesia a lo largo de su larga historia. Con la excusa de obtener ingresos para sufragar la guerra contra los carlistas, el gobierno de la época exclaustró a decenas de miles de frailes, confiscó innumerables propiedades y obras de arte, y desamortizó centenares de miles de hectáreas de tierra cultivable. La mayor parte de estos bienes acabó en manos de una pujante y ensoberbecida burguesía, lo que lejos de aliviar la situación de los miles de campesinos sin tierra que había, acabó por agravar el problema del latifundismo. Entre las propiedades desamortizadas en Rute se contaba la iglesia del convento de San Francisco, cuyos frailes fueron exclaustrados. Sin embargo, nadie pujó por la compra del templo, lo cual indica lo muy arraigada que estaban tanto la devoción como el respeto a la Virgen de la Cabeza, cuya imagen se hallaba en el edificio, antes ermita, por lo menos desde mediados del siglo XVI, con lo que la iglesia acabó volviendo a manos de la cofradía.
La devoción a la Morenita había superado, por tanto, muchas y duras pruebas, consolidándose como la principal devoción mariana de las existentes en nuestro pueblo. Recordemos, por ejemplo, que la Virgen de la Cabeza, y no otra, fue la imagen escogida por los párrocos locales para procesionar en rogativa por las calles de Rute en diciembre de 1859 para pedir por la victoria de las tropas españolas en la guerra que estaban librando contra Marruecos, nuestro enemigo más íntimo.
Y es que aquel año fue particularmente relevante en la larga historia de esta cofradía, que se acerca ya al medio milenio. Recordemos que el día 15 de noviembre de 1859, el obispo de Córdoba, monseñor Juan Alfonso de Alburquerque, dio su placet a unos nuevos estatutos. Aquella era una fecha particularmente propicia, por celebrarse el día de San Alberto Magno, doctor universalis, uno de los padres de la escolástica, que se cuenta entre los doctores de la Iglesia que más fomentó la devoción a la Virgen María.
Por supuesto, no eran los primeros estatutos de la cofradía -hubo ya unos a mediados del siglo XVI-, pero los de aquel año sí fueron particularmente relevantes. El ejemplar original de dichos estatutos, custodiados en el archivo diligentemente organizado bajo la actual junta directiva -con su presidente a la cabeza- reza en su primer artículo que «El objetivo principal de esta Cofradía, es restablecer y sostener el Culto Divino en la Yglesia [sic] del suprimido Convento de San Francisco de esta Villa, de la que es Titular Nuestra Señora de la Cabeza, Patrona y Protectora de dicha Asociación, como lo fue de su antigua Cofradía».
Por si fuera poco, en el encabezado del texto se puede leer que se considera a la Virgen de la Cabeza «Patrona y Protectora de dicha asociación y su feligresía». Ahí es na’. ¿Qué significa eso? Pues simple y llanamente que se consideraba a la Morenita como patrona de Rute, si no canónicamente, sí de manera oficiosa, es decir, popular. Y, al leer el texto, aunque los ojos se vayan a «patrona», donde realmente hay que fijarse es en «feligresía». ¿Y por qué? Muy simple; el Diccionario de la lengua castellana de la Real Academia Española, en su edición de 1852, define feligresía como «El distrito y vecinos que pertenecen á [sic] una parroquia». Recordemos que, en 1859, Rute tan sólo contaba con una feligresía, o parroquia, la de Santa Catalina. Como es sabido, no se estableció la segunda parroquia, la de San Francisco, hasta 1889. Por tanto, los estatutos de 1859, aprobados por el obispo de Córdoba, otorgan el reconocimiento oficioso a la Virgen de la Cabeza como patrona de su feligresía, es decir, de todo Rute.
Y tan malo no sería el texto cuando se remitió a la reina para su ratificación, firmada en persona por Isabel II el 30 de abril de 1860 en el Palacio Real de Aranjuez, adonde se trasladaba cada año la corte para pasar la primavera. Corrían buenos tiempos para la cofradía, para España y para la reina. Tras los primeros sustos de la guerra contra Marruecos, las tropas españolas, con el presidente del Gobierno, Leopoldo O’Donnell, a la cabeza- ¡cómo han cambiado los tiempos y los gobernantes! - habían logrado infligir derrota tras derrota a sus enemigos hasta la victoria final de finales de marzo con la ocupación de Tetuán y la firma de la paz de Wad-Ras el 26 de abril, apenas cuatro días antes de la ratificación de los estatutos. Por cierto, que el 30 de abril, cuando la reina plasmó su firma, es el día de San Pío V, el papa que promovió la formación de la Liga Santa que derrotó a los otomanos en Lepanto en 1571, acontecimiento sin duda evocador en aquella España que acababa de derrotar en el campo de batalla a otro enemigo musulmán.
Ni siquiera la calaverada carlista del primero de abril de 1860 de San Carlos de la Rápita, protagonizada sin éxito por el capitán general de las islas Baleares que pretendía destronar a Isabel II, había logrado empañar aquella primavera de éxitos. En aquella ocasión, el Ayuntamiento de Rute mostró decididamente su lealtad a la reina, quien pudo corresponder a nuestro pueblo con la ratificación de los nuevos estatutos de la cofradía de la Virgen de la Cabeza, patrona de su feligresía.
Y es que la historia da muchas vueltas… y las que puede dar todavía.
By.- A,A Fuente.- Revista Morenita 2026, D.Fernando Javier Padilla Angulo, Doctor en Historia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario