
Hoy miércoles comenzámos el tiempo de Cuaresma con el gesto penitencial de la imposición de la ceniza, con el que se nos invitaba a realizar un recorrido de intensidad espiritual para prepararnos a celebrar con fe los misterios anuales de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Este es, por tanto, un tiempo para realizar un camino de purificación interior, de penitencia y de conversión, que nos ayude a revitalizar nuestra fe, muchas veces adormecida.
Aunque también es cierto que vivimos en un mundo en el que no es fácil profesar la fe en el Dios único y verdadero; y no sólo nos resulta difícil creer, sino también vivir de acuerdo con nuestra fe. Y la sociedad en la que vivimos, no es que nos lo ponga muy fácil que digamos, sino más bien todo lo contrario.
Es verdad que no se nos presenta el diablo, como a Jesús, para tentarnos, y que tampoco se nos aparece Dios para decirnos lo que tenemos que hacer en cada momento. Es en nuestra vida de cada día, en nuestras relaciones con los demás, en la vida de sociedad, etc. donde podemos descubrir tanto la llamada de Dios y donde también aparece la llamada del mal para que lo secundemos. Tanto es así que en muchas ocasiones sucumbimos, y puede más en nosotros la fuerza del mal y nuestra debilidad que la gracia de Dios y nuestro deseo de ser y comportarnos como buenos cristianos.
Y es que el hombre actual ansía vivir cada vez más, cada vez mejor, cada vez más intensamente. Pero, ¿vivir qué?, ¿vivir para qué? Se dice que estamos mejor equipados que nunca para vivir una vida sana y de mejor calidad. Pero, ¿qué es un hombre sano? ¿Qué es una vida de calidad humana? Hemos hecho la vida más larga, más cómoda y placentera, pero, ¿no la hemos hecho también más vacía, superficial y absurda? ¿Es éste el camino para satisfacer la necesidad profunda de vida que se encierra en el ser humano?
Hay además un hecho cultural sobre el que parece existir una conspiración de silencio y es que cada vez se medita menos sobre el sentido último de la vida. Desconectada de toda relación con Dios, privada de destino trascendente, la vida del hombre contemporáneo se está convirtiendo en un episodio irrelevante que hay que llenar de bienestar y de experiencias placenteras.
Sin embargo, ¿es verdadero progreso entender y vivir la vida de manera tan rudimentaria y tan pobre de contenido, de horizonte y de sentido como lo hacen hoy no pocos hombres y mujeres?
Por otra parte, para muchos, «bueno» es lo que produce bienestar, y «malo» lo que causa malestar. Pero el concepto de bienestar es ambiguo y no coincide necesariamente con la verdadera realización del ser humano.
By.- R,C
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