
En el solsticio de invierno, el pueblo romano celebraba las fiestas del Sol invicto, cuando las horas de luz comenzaban a ganar tiempo frente a las de la oscuridad, y pasaban toda la noche del 24 al 25 de diciembre en vela, esperando ver salir el sol, señal de que la luz vencía a la oscuridad.
Los cristianos, que no eran ajenos a la cultura en la que vivían, también participaban de esta fiesta. Sin embargo, ellos veían en el sol al Sol de Justicia, es decir, a Jesucristo, que con su nacimiento comenzaba a vencer la oscuridad del pecado y de la muerte… Así, ese ganar en luz el día, indicaba que Cristo empezaba a tomar posesión del tiempo, que algo nuevo comenzaba.
De este modo, los cristianos aprovechamos este momento natural del año, para celebrar el natalicio de nuestro Salvador, cuyo nacimiento abre para nosotros las puertas de la vida, de la presencia viva de Dios en medio de nuestro mundo.
A lo largo de dos semanas iremos celebrando diversos momentos de la infancia de Jesucristo: su Nacimiento, su vida en la Sagrada Familia, también veneraremos a María como Madre de Dios, al igual que la fiesta del domingo, día del Sol invicto, Jesucristo, su manifestación a todos los pueblos, representados en los Reyes Magos, y concluiremos estas fiestas celebrando el Bautismo del Señor, con un Jesús ya “crecidito”, que comienza su misión de anunciar el Evangelio a todos los pueblos.
Abramos, pues, nuestros corazones al gozo y a la paz de estos días. Dejémonos llenar interiormente por la ternura de ver a Dios que se ha hecho hombre. Dejémonos embobar viendo un Niño recién nacido, que ha venido a este mundo para salvarnos….
¡¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!!.
By.-R,C
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