
Comenzar este tiempo de Adviento, en que preparamos la venida del Señor, la Palabra de Dios nos dice a todos y a ti que no estás preparado para el retrato porque eres prisionero de las mil trampas de este mundo, que estás sucio, desilusionado, sin esperanza, sin amor, que buscas soluciones a tus problemas en el periódico, en el horóscopo o en nuevas aventuras. La Palabra de Dios te dice: “tú puedes cambiar, tú puedes llegar a ser otro”. Y hoy, por medio de esa palabra, nosotros le decimos a Dios: “Tú eres nuestro Padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano”.
Pero lo bueno, es que este alfarero te dice, ponte en mis manos, déjate modelar y yo te enseñaré lo que puedes llegar a ser. ¿Quieres cambiar? ¿Quieres estar preparado para la venida del Señor? ¿Quiere vivir este tiempo de espera, de Adviento, sin miedo? Yo ya sé que son muchos los que no quieren, los que no se ponen a tiro de la Palabra de Dios, los que no tienen tiempo, los que viven abrumados por el trabajo, el cansancio, los hijos..., los que piensan que es imposible. Pero a pesar de todo, y por eso precisamente, la Iglesia nos ofrece a todos nosotros un tiempo nuevo, un tiempo de espera y de esperanza: El Adviento; un tiempo que nos recuerda que nosotros no tenemos el control de la historia ni de la vida; sino que Dios tiene el control y que nosotros, los creyentes, dependemos de Dios, de su poder, de su acción y de su amor… Porque el futuro, metámonoslo bien en la cabeza, es Dios, el juicio es de Dios, el mundo nuevo y el cielo nuevo es obra de Dios. Y el futuro acabará con la segunda venida de Jesús en su gloria. El futuro no está bajo el control del hombre y por eso vivimos desconcertados. A Dios nadie lo puede controlar. Nadie tiene el mando para hacerle aparecer en la pantalla a su antojo. Hay muchos predicadores que juegan a adivinar la mente de Dios. No les crean. “Mirad, vigilad: pues no sabéis cuando es el momento –nos dice hoy el evangelio-. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejo su casa.” Pues bien: Nosotros cuidamos la casa de Jesús y nos manda hacer dos cosas: Primera, que esperemos su llegada, que seamos fieles al trabajo; y segunda, que estemos atentos, que seamos sus centinelas.
Y quien mejor, en este tiempo de Adviento para ayudarnos a estar en vela que Santa María, que vivió el primer Adviento de la historia durante nueve meses llevando en su vientre al único Salvador del mundo.
Que ella nos acompañe durante estas cuatro semanas, para que así, al llegar la Navidad, podamos estar junto a ella adorando a su Hijo recién nacido.
By.- R,C
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