Historia de una devoción.

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viernes, 27 de marzo de 2026

La voz de una campana, semana de Pasión 2026.

 

En estos días donde los últimos coletazos de la cuaresma parecen abrir tímidamente el velo que descubre algo de la luz pascual, es inevitable alzar la mirada y detenerse un instante en los campanarios y espadañas que se han traducido como la "voz de Dios", una voz que es llamada para las almas fieles, esperanza para las purgantes y molestia para las dormidas. Esas mismas campanas que dan nombre a este espacio, y cuyo tañer ha sido, durante siglos, la banda sonora de muchos momentos importantes para la historia personal, local y general; administración de sacramentos, celebraciones de preceptos, duelo y despedida, avisos al pueblo de catástrofes y ataques e, incluso, milagros en la agreste Sierra Morena, son las que convocan a los redimidos por Cristo a la actualización memorial de un tríptico salvífico donde se armonizan, de manera equilibrada, antítesis que se hacen síntesis: la aclamación gozosa y el improperio exaltado, la entrega generosa con la traición ingrata, la confesión valiente con la negación cobarde, el amor que vence con el odio que pudre, la oscuridad de la muerte con la afirmación divina a la vida. 

Serán las campanas las que nos hagan correr presurosos al caminar de la entrañable borriquilla sobre la que se alza el Redentor en un estruendo de Hosanas y alabanzas, recordando, discretamente, esa verdad evangélica de que "si no volvemos a ser como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos", refrescando así el don de los compromisos bautismales que se renovarán en la Pascua. El colorista cortejo de las palmas y olivos al son de la primera narración de la Pasión, serán el escenario gozoso de reencuentros y nostalgias, de tradiciones renovadas, de herencia y futuro que hace de nuestras calles y plazas una nueva Jerusalén, donde hablar de historia y de proyectos, de decepciones e ilusiones, de lo común hecho extraordinario.

Días que pasan, como las páginas del Santo Evangelio, renovando un mensaje que, si fuera pronunciado por el mismo Cristo en la actualidad, seguiría siendo una novedad por quedar pendiente en incontables almas. Y Rute, que escribe su Evangelio en el trotar de la Pollinica, en las gotas agónicas que brotan de las heridas del Señor de la Columna y su Madre, que llora con lágrimas amargas la carne y la sangre destrozada que su inmaculado vientre le ha dado a su Hijo, que se echa en tierra como la pecadora arrepentida ante la Misericordia del Hijo de Dios desfigurado por el mal del pecado, que se hace pequeña por el peso del orgullo ante la Humildad del Abuelito y la Soledad de su Santísima Madre, que se deja agasajar por una Rosa en la que ofrece su vida el Nazareno de San Francisco, olvidando ofendas que causan el Mayor Dolor de la bendita entre las Mujeres, que se hace turba y Vía Dolorosa para el Nazareno y pañuelo para contener los Dolores, que forja una custodia horizontal para la muerte sepultada de Cristo y quiere ser palio para la cruda Soledad de las más infeliz de las Siervas de Yaveh, y que pone su broche de oro en la incontenible alegría de la victoria del Resucitado.

Y, mientras todo esto sea una realidad actualizada y, por eso, vigente, serán las anónimas campanas las que pondrán sintonía a la mayor historia de amor que ha conocido el género humano. Comenzarán su cantar, discretas, pero insistentes, casi sin querer opacar el sonar de cornetas y tambores en elmincio de los días santos. Pregonarán la experiencia del Cenáculo cuando, en los oficios del Jueves Santo, el Himno angélico del gloria haga presente el pórtico prometido de la presencia del Señor de manera substancial entre nosotros en el Sacramento de los Altares, quedando después enmudecidas, en silente sollozo, mientras son testigos de un Vía Crucis subbético que va desde Getsemaní hasta las entrañas de la tierra, en el hueco de un sepulcro nuevo, donde todo parece terminar. Pero será el Padre Eterno, el que habla con su tañer y que nos exhorta al gozo con su repique, el que, otra vez, por la acción creadora y vivificadora de su Espíritu, las vuelva hacer doblar, enloquecidas de gloria, al anunciar que el NO limitado que el hombre le ha dado a Dios en el Gólgota, se torne en el SI definitivo que Dios le ha dado a la vida en la noche Santa de la Pascua, donde los compromisos bautismales nos hacen clamar al Paraíso que esperamos alcanzar su gozo.

Y cuando el cirio pascual ilumine las tinieblas del templo de nuestro ser, cuando el Aleluya resuene con el gozo del beneplácito divino por la vida, cuando el Resucitado cruce el dintel mirando a Rute despidiendo por todo lo alto la semana mayor, las sencillas campanas tomarán su sosiego para el arduo trabajo que les depara la pascua, y estarán a punto para cantar que es el momento de tornar el capirote por la senda romera y que una nueva cita con el Resucitado, en los brazos de su Madre, esta vez, gloriosa y menuda, bronceada y alegre, Morenita y Dulcísima, esperan a los redimidos ruteños para forjar un nuevo compromiso con los votos bautismales en la cumbre de un cerro serrano, el último domingo de abril. 

Campanas que veis pasar bajo vuestra silueta el devenir cotidiano de nuestra historia de Salvación, afinad vuestro canto para anunciar a los cuatro vientos que hay un Dios en el cielo que nos ha hecho hermanos por el Misterio Pascual de su Hijo y por habernos dado por Madre a la que es Madre de Cristo, Cabeza y Pastor.
By.- J.R.D

viernes, 11 de abril de 2025

Semana Santa 2025.

 Que se abran de par en par las puertas del alma, que se despierte el corazón adormecido, porque llega la Semana Santa, la semana grande de nuestra fe. Las calles se visten de incienso y de cera encendida. Las campanas se desperezan en los campanarios, las cornetas rasgan el silencio y los tambores marcan el compás del recogimiento. Es tiempo de Pasión. Es tiempo de Esperanza.

La Semana Santa es uno de los momentos más significativos del calendario litúrgico cristiano. Durante esta semana, los creyentes de todo el mundo nos unimos para recordar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Un momento para reflexionar sobre nuestra vida, nuestras acciones y nuestros sentimientos. Es un tiempo para reconciliarnos con Dios y con nosotros mismos, y para renovar nuestra fe y nuestro compromiso con la justicia y la compasión.

Cuando la Semana Santa se aproxima, los fieles de toda España se preparan para revivir con fervor los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. A través de las procesiones, las celebraciones litúrgicas y el rezo, nos uniremos en una sola voz para clamar por la misericordia y el amor de Dios. Y entre procesiones, oraciones y recogimiento, junto a Jesucristo hay una figura que brilla especialmente, que es la Virgen María, Madre del Redentor y consuelo de todos los que sufren.

Porque cuando abril se asoma a los balcones, el pueblo se prepara para caminar, junto al Hijo que carga la cruz del mundo, y junto a la Madre que llora en silencio la herida de la espada profetizada. En cada paso, en cada mirada al cielo, se elevan oraciones calladas, promesas cumplidas, lágrimas derramadas por la vida que pesa, por el amor que no muere. Allí está, en lo alto de su trono, llevando en su rostro la dulzura de todas las madres que saben de ausencias y esperas. Su mirada abraza a sus hijos con ternura infinita, como queriendo aliviar el peso de cada cruz que cargamos en el alma.

Y es que bajo su manto, muchos fieles encuentran consuelo ante la cruz del sufrimiento y la esperanza en la Resurrección. Ella, que sostuvo en sus brazos al Hijo muerto, comprende como ninguna otra el dolor de la humanidad, y por eso es faro de esperanza para todos.

Cuando veamos procesionar estos días sus imágenes como Dolorosa –y teniendo en nuestra mente la ya cercana celebración de la Romería al Cerro de la Cabeza y de sus fiestas en Rute-, elevaremos hacia Ella nuestra oración, pidiendo por los enfermos, los desfavorecidos y por la paz en los corazones atribulados. No serán pocos los que, en medio del silencio de la noche o al paso de las procesiones, pronunciarán una súplica íntima: "Virgen de la Cabeza, guíanos hacia la luz de la Resurrección."

Ella es el consuelo del afligido, la fuerza del caminante, la paz del peregrino.

Además, estos días, la imagen de la Virgen de la Cabeza también se convertirá en inspiración para la meditación sobre la humildad y la entrega. Su sencilla figura nos recuerda que Dios se manifiesta en lo pequeño, en lo escondido, y que el camino de la fe es, muchas veces, un sendero de humildad, como el que recorren los peregrinos hacia el santuario. Su imagen de Sierra Morena nos recordará que nuestros ojos tienen que estar mirando hacia el cielo, hacia Dios, que nos pide un cambio de vida. Y su imagen de Rute, recién restaurada, mostrando la belleza y hermosura de sus facciones, nos mostrará cómo la gracia de Dios puede hacer maravillas en nosotros si de verdad nos ponemos en sus manos.

En esta Semana Santa, miremos, pues, a la Virgen de la Cabeza como compañera de camino. Con Ella, el dolor encuentra consuelo, y la espera se llena de esperanza. Que la Morenita bendiga a todos los que, con el corazón abierto, se disponen a vivir estos días santos con auténtica fe.

Que la luz de la fe ilumine nuestro camino, que la paz de Cristo reine en nuestros corazones y que la esperanza de la resurrección nos guíe hacia una vida más plena y más justa.

Y que cuando los cirios se consuman, cuando las marchas se apaguen y los palios y los tronos se guarden, quede en nosotros la llama viva de la fe renovada. Que la Pasión de Cristo no se quede en los altares, sino que se haga vida en nuestras vidas.

Que sepa el mundo que, en este rincón bendito, no solo se procesionan imágenes: aquí se procesiona el alma del pueblo, que llora, que canta, que cree, que espera.

Porque la Semana Santa no es solo un recuerdo, sino que es la proclamación viva de que el amor es más fuerte que la muerte, que la cruz es puerta de gloria, y que Cristo ha vencido para siempre.

 By.- Equipo de redacción.





miércoles, 5 de abril de 2023

Semana Santa 2023.

 Agonía en el Huerto.

Por medio de la triple oración de su agonía Jesús quiso manifestar, con su tristeza de muerte delante del pecado del mundo, la víspera del viernes, antes del comienzo de su pasión externa, la disposición santísima de esta humanidad, su ofrenda como víctima (verbalizada ya en la cena) por los pecadores. Aunque experimentaba un horror natural respecto de los sufrimientos, los suplicios y de una muerte sangrienta, se ofrecía en un acto de libre y voluntaria obediencia a la voluntad salvífica del Padre para consumar la obra de la Redención. Fue en ese momento que – según el Evangelio Según San Lucas – el Ángel Consolador se apareció a Jesús para fortalecerlo (22, 43). Proponiéndole consideraciones que podían aminorare su tristeza y fortalecer las potencias inferiores de su alma, el Ángel, observa Suárez, no enseñó a Cristo como un maestro que ilumina a un discípulo. Cristo no ignoraba los pensamientos propuestos por el Ángel, pero su razón superior los tomaba en consideración sin permitir a sus potencias inferiores recibir consolación alguna; el Ángel se le apareció de una manera sensible, humana, y le habló exteriormente.

Cristo quiso recibir este consuelo como un don del Padre, lo recibió con gratitud, respeto y humildad.

Este consuelo no tenía por única finalidad o por efecto dispensarlo de sufrir por la salvación del mundo, sino, por el contrario, de ayudarlo. Bien lo muestra el Evangelio de Lucas, según el cual la aparición consoladora es seguida por la “agonía” una oración más intensa y por el sudor de sangre. Más profundamente, este consuelo no significaba que Cristo hubiese tenido necesidad del auxilio angélico – el Creador de los Ángeles podía hacer descender del cielo doce legiones de Ángeles (Mt. 26, 53) sino que le pareció necesario ser fortificado con miras a nuestra consolación, de la misma manera que estuvo triste por nuestra causa – propter nos tristis, propter nos confortatus - dice Beda el Venerable, seguido por San Buenaventura. Al aceptar este consuelo por nosotros, y en nuestro nombre, Jesús mostraba la realidad de su humanidad  y de la debilidad humana que le reconocía la Epístola a los Hebreos. En la aceptación, por nosotros y a favor nuestro, del consuelo angélico, Jesús significaba anticipadamente  que aceptaría para consolarnos nuestros consuelos. No sólo nos hacía merecedores de poderlo consolar sino, también por generosidad respecto de nosotros, hacer de nosotros sus consoladores para consolarnos en nuestros momentos de desolación.

Al orar por sí mismo, Jesús agonizante manifestaba la voluntad salvífica del Padre respecto de nosotros. “No mi voluntad, mi voluntad espontánea de no morir sino tu voluntad sobre mi voluntad por la salvación del mundo”. Podemos decir, pues, con Santo Tomás de Aquino que su oración por sí mismo era también oración por los otros; y el santo agrega: “todo hombre que pide a Dios un bien para emplearlo en beneficio de los otros no oran sólo por sí mismos, sino también por los demás”. La voluntad de Cristo de ser consolado es por tanto, voluntad consoladora, lejos de ser signo de egoísmo. Con  el fin de consolarnos en Él, quiere ser consolado por nosotros. Para fortalecernos quiso ser fortalecido por un Ángel.
By.-A,A Fuente.- AciPrensa

domingo, 3 de abril de 2022

Semana Santa 2022.

 Por el camino que lleva a Jerusalén se oye revuelo, se ven moverse palmas y ramos de olivo y, a lo lejos, unas voces que van diciendo “¡Hossana al Hijo de David!”,“¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”. Y poco a poco, va viéndose una multitud que se agolpa en torno a un pollino, hijo de acémila, aclamando a un Hombre que entra triunfante en la Ciudad Santa mostrando sus ramos. Un Hombre que es aclamado como el Mesías esperado por Israel, y exaltado como Rey por el pueblo sencillo.

Sin embargo no todos reciben con entusiasmo a aquel Hombre... Las autoridades religiosas temen que les pueda quitar su autoridad. Ya han tenido alguna que otra con Él; y no están dispuestos a que les arrebate el mando sobre el pueblo judío. Y para conseguir sus fines, están dispuestos a todo, incluso a traicionarse a sí mismos pactando con el poder romano invasor si fuere el caso.

Y la ocasión se la ponen a tiro. Uno de aquellos Doce discípulos que aquel Hombre había elegido para que estuvieran con Él y fueran sus Apóstoles, está disgustado con Él. Su Maestro no cumple sus deseos ni sus expectativas. Se cree traicionado. Y no duda en traicionarlo. Y acuda a las autoridades religiosas para acordar una recompensa por entregar a Aquél que los sumos sacerdotes consideran un delincuente y un peligro para su estabilidad.

El precio queda pactado. Treinta monedas de plata. El precio de un esclavo. Desde ese momento, aquel discípulo desengañado, de nombre Judas, espera el momento oportuno para entregar a su Maestro, con el que ha compartido tres años de andanzas por los caminos de Israel, escuchando su mensaje de liberación. Pero él esperaba que lo liberaran del invasor romano, pero la liberación de la que habla su Maestro es la liberación del mal y del pecado.

Mientras tanto, aquel Hombre aclamado por el pueblo llega al lugar más sagrado para los judíos: el Templo de Jerusalén; el lugar donde con doce años lo encontraron sus padres tras habérseles escapado en una peregrinación a la Ciudad Santa, conversando con los maestros y doctores de la Ley. Y una vez llegado... una vez llegado se encuentra que aquel lugar sagrado ha perdido su sacralidad, que la venta ambulante se ha instalado allí y, profundamente indignado, tira las mesas de los cambistas y recuerda que el Templo no es un mercado, que es la casa de su Padre Dios, y que ha de ser una casa de oración. Este autoproclamarse Hijo de Dios y el espectáculo montado en el Templo provoca aún más a las autoridades religiosas, quienes desean deshacerse de Él con más fuerza todavía.

Y entretanto, aquel Hombre sabe lo que le espera. Por eso quiere celebrar una cena de despedida con los suyos. Una cena pascual especial. En ella, hace unas cosas muy extrañas que los discípulos no entienden... Les lava los pies como si fuera un esclavo, encarándose con Pedro, que se niega a que su Maestro le lave los pies cual un siervo; y repartiéndoles el pan y el vino de la cena pascual, les dice que son su Cuerpo y su Sangre, entregados para su salvación, y que hagan lo que Él está haciendo en memoria suya... La confusión entre los suyos es total. Confusión que se acentúa cuando afirma que uno de los que está sentado en aquella mesa lo va a traicionar y entregar en manos de sus enemigos.

Y así sucede. Tras la cena, el Maestro y sus discípulos acuden a un huerto cercano, sembrado de olivos, llamado Getsemaní, donde se retiran a orar en gran tensión; tensión que provoca que su sudor se convierta en gotas de sangre que le resbalan por la cara.

Y allí, en el huerto de los olivos, se consuma la traición. Judas acude con los soldados de la guardia de los sacerdotes y besa traicioneramente a su Maestro, que es atado y llevado cautivo ante los sacerdotes, quienes, humillándolo, lo sentencian a muerte ¿Causa de la condena a muerte? Aquel Hombre ha dicho que es el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Las autoridades religiosas, ciegas con su poder terrenal, no han sabido ver a su Salvador. Y entremedio sus discípulos le abandonan; solo dos, Pedro y Juan, le siguen, pero aun así, Pedro se acobarda y niega por tres veces que lo conoce. ¡¿Cómo debe ser aquel desastre, que hasta el mismo Judas es presa del remordimiento, y reconoce que es un traidor, y arrojando el dinero por los suelos, se cuelga de un árbol quitándose la vida, víctima de su propia desesperación?! Pedro, por su parte, al cruzar su mirada con la de Jesús, llora amargamente su culpa.

Y en medio de una chusma rabiosa, es llevado de aquí para allá, de casa de uno a otro sacerdote, ante el gobernador Pilatos, quien al saber que es galileo se lo manda a Herodes, quien se lo vuelve a remitir a Pilatos. Mientras tanto, los sacerdotes romanos insisten al gobernador en que lo condene a muerte. Pilatos sabe que aquel Hombre es inocente, que se lo han entregado por envidia, y trama un plan...: Que aquel Hombre dé lástima al pueblo, y que el pueblo le pida que lo deje libre. Y así, despojado de sus ropas, sufre el tormento de la flagelación, el látigo que rasga su piel y sus carnes, que le deja al borde de la muerte, padece las burlas de los soldados romanos, que le hacen burla y hasta le trenzan una corona de espinas, que le ponen en la cabeza, organizando la jácara de rendirle pleitesía como a un Rey.

Y llega el momento. Pilatos lo presenta al pueblo: “¡Ecce Homo! ¡He aquí al Hombre!”, les dice, y les pregunta si desean su libertad o la de un asesino. Pero los sumos sacerdotes han jugado sus cartas por adelantado. Han soliviantado al pueblo para que pida el indulto del asesino y la muerte del Maestro... Pilatos se ve en un aprieto. Le llegan a acusar incluso de que pueda ser un traidor si lo deja en libertad. Y asustado y temeroso se lava las manos como queriendo borrar su culpa, y sentenciándolo a muerte, se lo entrega para que sea ejecutado de la forma más cruel conocida: la crucifixión.

Comienza así para Jesús su Vía Crucis. Estando como está, debilitado por los azotes, y casi sin sangre en sus venas, carga con el madero de la cruz al hombro, y emprende entre los gritos de la multitud enfurecida el camino al monte Calvario, donde deberá ser crucificado en medio de dos ladrones.

Camino largo. Camino duro, entre gritos de la muchedumbre. Camino no exento de caídas por tierra bajo el peso de la cruz, con momentos duros como espadas en el pecho, como encontrarse con su Madre en aquella vía dolorosa; pero camino que no deja de tener pequeños gestos de caridad, como el de aquel desconocido de Cirene, que es obligado a cargar con el madero para evitar que el condenado no se les muera por el camino y prive a la chusa del espectáculo que desea contemplar, o el de aquella piadosa mujer, Verónica, que limpia con un velo su rostro de sangre, sudor y del polvo del camino; o de las mujeres que se lamentaban por Él, llorando su suerte, incluso el de aquella persona desconocida totalmente que le ofreció vino con mirra para aliviar sus sufrimientos...

Y llegados al Gólgota, le arrancan sus vestiduras, dejándolo desnudo ante las turbas exacerbadas; y con terribles martillazos taladran las carnes de sus manos y sus pies clavándolo en la cruz, y lo izan ante aquellos que deseaban su muerte, que lo observan como si de un triunfo de caza se tratase. Ya lo han conseguido; ya están a punto de deshacerse de Él para siempre.

No obstante, hay una cosa que nos les acaba de convencer... Y es que Pilatos ha mandado colgar un letrero con el nombre del reo y la causa de su muerte. Y no les gusta. No están de acuerdo con esa sentencia, y le piden al gobernador que la cambie por otra que sea de su agrado, a lo que Pilatos se niega. Ya todos saben quién es el reo. Todos saben quién es el Hombre. Todos saben ya quien está clavado en la cruz. JESÚS NAZARENO, EL REY DE LOS JUDÍOS.

Jesús, el Hijo de Dios, el Salvador de la humanidad. El mismo que nació en Belén y desde la cuna fue perseguido por el tirano Herodes. El mismo que predicó la conversión y el Reino de Dios por los caminos y pueblos de Palestina. El que convirtió el agua en vino, el que curó al ciego y al paralítico, el que resucitó a muertos, el que pasó por el mundo haciendo el bien.

Ahí está, clavado en una cruz, con su Madre y el discípulo amado a sus pies, acompañados de unas piadosas mujeres. Padeciendo las burlas de los sacerdotes que lo provocan y le insultan. Aguantando que hasta los mismos malhechores que están muriendo a su lado se rían de Él. Pero uno ve la luz, reconoce a Jesús como el Señor, le pide perdón. Y Jesús se lo da. Jesús le promete el Paraíso... Y Jesús siempre cumple sus promesas.

Misterio insondable el de la cruz, donde Jesús, el Señor, muere entregando su vida, pidiendo perdón por sus verdugos, dándonos a su Madre bendita como Madre para todos los hombres, que agonizando, siente como la vida se le escapa por todas las heridas de su cuerpo, hasta que mirando al cielo, le pide a su Padre Eterno que reciba su espíritu y, dando un fuerte grito, muere.

Es el momento en el que los sacerdotes se frotan las manos. Ya ha muerto. Ya se lo han quitado de encima. Solo les queda prepararse para celebrar la fiesta de Pascua sin preocupaciones. Pronto pasará el recuerdo de aquel Hombre y volverán a tener el control sobre el pueblo.

Pero Dios no se calla. El cielo se ha oscurecido, el sol se ha ocultado bajo las tinieblas, y un fuerte terremoto sacude el suelo. Hasta el velo que separa el Arca de la Alianza en el Templo de la vista de todos se rasga en dos, de arriba abajo. No entienden que pasa. Pero ya todo ha terminado, y ellos han salido vencedores.
Y allí, ante la vista de la gente, que se va retirando, queda muerto el cuerpo de Jesús. Todos quieren que el espectáculo termine pronto para disponer los preparativos de la Pascua, y piden que se remate a los condenados y se les retire de la cruz. Y así se hace les rompen los huesos de las piernas a los dos ladrones, quienes mueren rápidamente asfixiados al no poder soportar su propio peso. Pero... ¿qué hacen con Jesús? Ya está muerto... ¿Para qué ensañarse más con Él? Un soldado toma la iniciativa y le traspasa el costado con su lanza, abriéndole una profunda herida de la que mana sangre y agua.

Mientras tanto, dos sacerdotes, fieles a Dios, y que han reconocido en Jesús al Mesías, deciden dar la cara y hacerse cargo de su cuerpo para que sea pasto de los buitres ni de las bestias. José de Arimatea y Nicodemo se llaman. Se encargan de bajarlo de la cruz, de limpiar rápidamente su cuerpo y ungirlo con una mezcla de áloe y mirra; dándole sepultura en el huerto de José de Arimatea, en un sepulcro nuevo. Allí queda encerrado, sepultado, engullido el cuerpo del Señor por la tierra; bajo la mirada atenta de las mujeres que no lo habían dejado solo ni un momento.

Pero la mente retorcida de los sacerdotes no para. No contaban con que un miembro del Sanedrín le diera sepultura; y acuden prestos al gobernador romano para que custodien la tumba, pensando que los suyos puedan robar su cadáver y decir que ha resucitado. Sus mentes ciegas y malévolas están alerta ante todo. Pilatos está harto de ellos. Quiere que lo dejen en paz y les deja un par de guardias para que vigilen la tumba y así cerrarles la boca. Ya pueden estar tranquilos. Nadie se atreverá contra los soldados armados.

Y así, con el cuerpo de Jesús cerrado en el sepulcro, transcurre el sábado, y los judíos celebran la Pascua. Seguro que los discípulos no tendrían ganas ni cuerpo para celebrarla. Ya prácticamente nada tenía sentido para ellos. Pero hay una discípula, una mujer, María, su Madre, que mantiene viva la esperanza, que en su soledad brilla como una estrella, que en su dolor se mantiene firme, sin dejarse dominar por la angustia. Ella sabe lo que ha de pasar. Mantiene su fe. En medio del dolor, se mantiene firme, llorando ante lo que ha visto, ante lo contemplado, ante lo que le han hecho a su Hijo querido del alma....

Y tras el sábado, comienza una nueva semana; amanece un nuevo día. Y unas mujeres fieles a Jesús quieren dejar bien hechas las cosas y reembolsar su cuerpo para cumplir con las tradiciones del pueblo judío. No saben cómo lo harán, pues la piedra está sellada y ellas no tienen fuerza para moverla. Pero pese a ello no se acobardan, y siguen adelante.


¡Y cuál es su sorpresa cuando al llegar observan que la tumba está abierta!¡¿Qué ha pasado?! ¡¿Qué ha ocurrido?! Pues lo que tenía que pasar; y es que Dios, como siempre, se había guardado la última carta, la última palabra, y el milagro se había obrado; demostrando que Jesús era el Señor, el Mesías esperado. Y ahí estaba la prueba: JESÚS HA RESUCITADO.

Nos disponemos, pues, a recordar aquellos acontecimientos de la muerte y resurrección del Señor. Después de tres años de espera, en los que la enfermedad y la muerte han campado a sus anchas, el olor del incienso y de la cera, volverán a inundar nuestras calles que, D.m., se convertirán en templos que verán salir las imágenes de la Pasión y Gloria de nuestro Señor, acompañadas de sus cofrades, que habrán vuelto a enfundarse sus hábitos y capirotes, y convertirán nuestras calles en una catequesis bíblica plasmada en imágenes, en la que los sentidos y las emociones de los fieles se mezclen con sus recuerdos, y florezcan las oraciones que mantengan encendida nuestra esperanza en la vida eterna que el Divino Salvador nos ha prometido.

Vivamos, por fin, a nuestro estilo, la Semana Santa, dejándonos invadir en nuestro interior por la fuerza de Dios que todo lo puede, participando en los actos litúrgicos de estos días, que darán sentido a lo que celebramos luego procesionalmente en la calle.

Y no dejemos de asistir en la noche del Sábado al Domingo a la Solemne Vigilia Pascual, centro del año litúrgico, y celebración más importante del año cristiano, en la que celebraremos la gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, y felicitaremos a nuestra Santísima Madre, la Virgen de la Cabeza, entonando el cántico de la aurora con la que daremos oficialmente comienzo a las tan esperadas fiestas en su honor, y nos dispondremos a participar en la Romería al Cerro de la Cabeza, viviendo esa experiencia fuerte de sentirnos hermanos y miembros de la Iglesia que peregrina por este mundo cogida de la mano de su Madre Santísima hasta la morada eterna del cielo.

By.-R,C


jueves, 17 de marzo de 2022

Cuaresma 2022.


 De nuevo suena la trompeta. Y suena para señalarnos que comenzamos a celebrar el camino cuaresmal que nos lleva a la Pascua. Un camino que nos exigirá esfuerzo, cierto. Y por eso pedimos a Dios fortaleza, coraje y gracia para llegar a celebrar la Pascua renovados y convertidos. Esa será nuestra meta. Tengámosla muy presente.

La Cuaresma es el tiempo imprescindible que prepara y conduce hacia la Pascua. Necesitamos urgentemente volver al Señor, escuchar su palabra, reorientar nuestros pasos, reconducir nuestra vida. El Señor espera que cambiemos nuestro corazón. Desea con la oración, el ayuno y la limosna podamos ser hombres y mujeres nuevos, hombres de la Pascua.

Y este camino lo recorremos desde nuestra pequeñez, desde nuestra debilidad. Por ello vamos a dejar que el Señor nos acompañe, nos aliente y nos proteja.

En su Mensaje para la Cuaresma de este año, el Santo Padre nos propone: “No nos cansemos de hacer el bien”. Y afirma: “Frente a la amarga desilusión de tantos sueños rotos, frente a la preocupación por los retos que nos conciernen, frente al desaliento por la pobreza de nuestros medios, tenemos la tentación de encerrarnos en el propio egoísmo y refugiarnos en la indiferencia ante el sufrimiento de los demás”. Puesto que la Cuaresma “nos llama a poner nuestra fe y nuestra esperanza en el Señor”, el Papa nos hace una triple propuesta:

1) “No nos cansemos de orar”. Cristo nos invita a orar siempre y sin desanimarnos. “Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa. Con la pandemia hemos palpado nuestra fragilidad personal y social. Que la Cuaresma nos permita ahora experimentar el consuelo de la fe en Dios, sin el cual no podemos tener estabilidad”.

2) “No nos cansemos de extirpar el mal de nuestra vida”. El ayuno cuaresmal puede fortalecer nuestro espíritu en la lucha contra el pecado. “No nos cansemos de pedir perdón en el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación”. “No nos cansemos de luchar contra la concupiscencia, esa fragilidad que nos impulsa hacia el egoísmo y a toda clase de mal, y que a lo largo de los siglos ha encontrado modos distintos para hundir al hombre en el pecado”.

3) “No nos cansemos de hacer el bien en la caridad activa hacia el prójimo”. En Cuaresma podemos practicar la limosna, dando con alegría. Aprovechemos este tiempo de gracia “para cuidar a quienes tenemos cerca, para hacernos prójimos de aquellos hermanos y hermanas que están heridos en el camino de la vida”. “La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar -y no evitar- a quien está necesitado; para llamar -y no ignorar- a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar -y no abandonar- a quien sufre la soledad”. “En este tiempo de conversión, apoyándonos en la gracia de Dios y en la comunión de la Iglesia, no nos cansemos de sembrar el bien. El ayuno prepara el terreno, la oración riega, la caridad fecunda”.

Vivamos, pues, la Cuaresma, oportunidad nueva que el Señor nos regala para convertirnos para acercarnos a Él, para dejarnos reconciliar con Dios y con los demás. Aprovechemos este tiempo para rezar más, para privarnos de cosas inútiles y poder vivir el verdadero ayuno, y no olvidemos de practicar la limosna, una agradable actitud que demuestra el amor a los hermanos necesitados.
By.-R,C


viernes, 18 de marzo de 2016

Viernes de Dolores 2016.

El Viernes de Dolores o Viernes de Pasión, es el viernes anterior al Domingo de Ramos, comprendido dentro de la última semana de la Cuaresma, conocida por la Iglesia como Semana de Pasión. En algunas regiones es considerado como el inicio de la Semana Santa o Semana Mayor, al iniciarse en éste las procesiones.

Los católicos manifiestan su fervor religioso en la celebración de los Dolores de Nuestra Señora, incluyendo por ejemplo en la liturgia de la Misa la secuencia del Stabat Mater.

En algunos lugares se le denomina Viernes de Concilio, el cual es tomado como día de ayuno y abstinencia, quedando proscrito el consumo de carnes.

Esta antigua celebración mariana tuvo mucho arraigo en toda Europa y América, y aún hoy muchas de las devociones de la Santísima Virgen del tiempo de Semana Santa, tienen su día festivo o principal durante el Viernes de Dolores, que conmemora los sufrimientos de la Madre de Cristo durante la Semana Santa.

El Concilio Vaticano II consideró, dentro de las diversas modificaciones al calendario litúrgico, suprimir las fiestas consideradas "duplicadas", esto es, que se celebren dos veces en un mismo año; por ello la fiesta primigenia de los Dolores de Nuestra Señora el viernes antes del Domingo de Ramos fue suprimida, siendo reemplazada por la moderna fiesta de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre. Aun así, en la tercera edición del Misal Romano (2000), hay un recuerdo especial a los Dolores de la Santísima Virgen en la celebración ferial de ese día, introducida por San Juan Pablo II.

La Santa Sede y las normas del Calendario Litúrgico contemplan que, en los lugares donde se halle fervorosamente fecunda la devoción a los Dolores de María y en sus calendarios propios sea tenida como fiesta o solemnidad, este día puede celebrarse sin ningún inconveniente con todas las prerrogativas que le son propias. (Cf. Tabla de los días Litúrgicos, Misal Romano)

By.- A, A Fuente.- Wikipedia

miércoles, 1 de abril de 2015

Martes Santo en el Santuario de la Virgen de la Cabeza.

La imagen del Cautivo de Sierra Morena recorrio en la tarde de ayer martes Santo las calzadas del Santuario de la Virgen de la Cabeza.

A las 17:00 horas, se celebro la Función Principal que presidieron los miembros de la Comunidad de Trinitarios del Santuario que estuvieron acompañados por el coro de San Roque de Torredonjimeno.

A su término se llevo a cabo el recorrido procesional del Cautivo de Sierra Morena siendo acompañado musicalmente por la agrupación musical Ntra. Sra. de los Remedios de Ibros y portado a hombros por un grupo de fieles devotos.
By.- A,A Fuente.- Ideal Andújar

lunes, 30 de marzo de 2015

Semana Santa 2015.

Acabamos de entrar en la Semana Santa. Durante estos días celebramos la cruz y la vida; la alegría y el sufrimiento; el abandono y la miseria.

Por eso que a ese Jesús al que aclamábamos ayer como Rey que entraba triunfante en Jerusalén entre cánticos, lo contemplaremos ahora en su pasión, entre sufrimientos y desprecios; abandonado de los suyos, vejado, humillado... Y entre medio, ese grito desgarrador de Jesús “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

También nosotros hacemos nuestro ese grito de Jesús: ¿Por qué?¿Por qué?, nos preguntamos... ¿Por qué el hambre y la miseria?¿Por qué la muerte de los inocentes?¿Por qué la muerte, el crimen y la venganza?¿Por qué la enfermedad y la injusticia?¿Por qué...?

Y es que el grito del Señor en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Se convierte en el clamor de todos los torturados y muertos de la historia de la humanidad: los niños israelitas que mueren en un atentado suicida palestino; los niños palestinos a los que les tiran sus casas y queman sus cultivos; las mujeres maltratadas, violadas y asesinadas... todos los inocentes que mueren sin saber por qué.

Pues aquí está la respuesta; la tenemos al alcance de la mano, en la Pasión de Cristo; porque Jesús experimenta, personalmente y en silencio, en su propia carne, todo ese sufrimiento y abandono, para proclamar la libertad, la vida, la esperanza...

Hoy, esta Pasión de Cristo la podemos ver encarnada en las torturas de los presos religiosos y políticos; en la intemperie de los que carecen de techo y de ropa; en el hambre de los países del Tercer Mundo; en los cristianos que son martirizados en los llamados países del estado islámico, en los dolores y achaques que se ceban en millones de enfermos en sus camas y sillas de ruedas... Pero también la vemos en el desprecio a la Ley de Dios bajo el disfraz del progresismo; en la manipulación de la religión por parte de poderes políticos, sociales o económicos; en el ateísmo teórico y práctico que se empeña en amordazar a Dios en la vida pública; en la indiferencia religiosa, que margina a Dios de la vida personal...

Hoy, Jesús, el Señor, sigue sufriendo en y con la humanidad y la Iglesia sufriente; pero sigue luchando con todos los que quieren transformar nuestro mundo. Jesús sigue pasando y penetrando en esta realidad dura y difícil de la humanidad marginada y abandonada; pero también la conduce y la lleva a la Pascua.

Un hombre sobre un burro; un lavatorio de pies y un Pan y Vino que se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Dios; unas autoridades que traman; un amigo que traiciona y unos amigos que se duermen; un beso envenenado; unos testigos falsos; un silencio que denuncia; una condena injusta; unos maltratos permitidos; unas negaciones, el canto de un gallo y un hombre que llora; una masa embrutecida; un gobernador que se lava las manos; un camino agonizante y un hombre que ayuda; un hombre que muere clavado en una cruz; un extranjero que cree... y un Dios que está ahí, oculto, callado, en silencio... guardándose la última palabra.

HA COMENZADO LA SEMANA SANTA. No dejemos pasar la oportunidad de descubrir que personaje de la Pasión estamos siendo cada uno de nosotros... y quien sigue siendo Él: Jesús de Nazaret.
Y tengamos muy presente que seguir a Jesús, sobre todo en su camino hacia el Calvario, sigue siendo para todos una asignatura pendiente. Vivamos, pues, con reflexión y responsabilidad estos días de la Semana Santa cogidos de la mano de Santa María, la Madre Dolorosa. Que Ella nos haga un hueco a su lado junto a la cruz de Cristo, en el Calvario, para contemplar, en primera fila, la entrega total y decisiva de Cristo por la humanidad.
By.- R,C

jueves, 17 de abril de 2014

Semana Santa 2014.

Con la luna llena de primavera entramos en el abismo del misterio redentor de la muerte y de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; misterio de que modo especial y como centro de todo el año los cristianos celebramos en el Sagrado Triduo Pascual.

De este modo, con la celebración de la Sagrada Eucaristía en la tarde noche del Jueves Santo, penetraremos de lleno en el misterio de Jesucristo, el Señor que se entrega, que muere de amor y que resucita. Una celebración cargada de signos litúrgicos expresivos por medio de los cuales Dios nos habla misteriosamente al corazón.

Así, en el tránsito entre la Liturgia de la Palabra y la Liturgia de la Eucaristía, la Misa de la Cena del Señor, nos presenta el gesto impresionante del Lavatorio de los pies. Y es que en el lavatorio de los pies –que no hemos de olvidar que era en aquellos tiempos un oficio de esclavos-, el Señor nos descubre el contenido y significado más profundos de la Eucaristía como servicio de vida a favor de los otros. Jesús, en aquella Santa Cena, hizo de siervo de los discípulos y nos recomendó vivamente hacernos también nosotros servidores los unos de los otros. Por eso hemos de caer en la cuenta de que el contenido verdadero de la Misa de hoy no es que repitamos o no materialmente la escena del lavatorio de los pies, sino que, en la vida real, nos sirvamos unos a otros por amor, considerando a los demás como superiores a nosotros mismos. Que hagamos en nuestro contexto actual y social lo que Jesús hizo en el suyo. No en vano, Benedicto XVI dijo en una celebración de la Misa del Jueves Santo que “la Eucaristía nunca puede ser sólo una acción litúrgica”, y que “sólo es completa si el ágape litúrgico se convierte en amor cotidiano”.

Pero el Jueves Santo es, por excelencia, el día del sacerdocio y de la Eucaristía. La Eucaristía, Sacramento de la presencia de Dios por excelencia, es hoy el centro. Por eso no debemos dejar de tener unos momentos de adoración y de oración ante el Señor sacramentado, que quedará reservado hoy solemnemente en el tradicionalmente llamado “Monumento”, y pedirle por las vocaciones sacerdotales y la santidad de todos los sacerdotes, para que todos podamos ver siempre en ellos a enviados de Jesucristo al mundo de hoy, y transmisores de su amor y de su misericordia.

En cambio, como de repente, todo cambia… La noche del Jueves al Viernes Santo nos es presentada por el Evangelio como una noche dura e intensa para el Señor… Un Señor que, tras hablar y dar unas magníficas enseñanzas a los Apóstoles ora y lucha contra la tentación en el Huerto de los Olivos… Un Señor que es traicionado y vendido por uno de sus discípulos y abandonado prácticamente por todos… Un Señor que es azotado, insultado, condenado… Cuánto bien nos hará a todos el leer esta noche, antes de acostarnos, los capítulos 14, 15, 16 y 17 del evangelio de San Juan y cuanto provecho espiritual sacarán nuestras almas de ello.

De este modo, al participar el Viernes Santo en la tradicional celebración litúrgica de los “Oficios”, que es el verdadero centro del día, veremos como todo se centra en la veneración de la cruz y la consideración de la muerte del Señor. Y es que el misterio de la pascua se cumple en la pasión y muerte de Cristo, el cordero inmaculado, cargado con nuestros pecados y llevado al matadero. Así pues, no dejemos de prestar toda nuestra atención a la proclamación de la pasión según el evangelio de san Juan, que es un momento fundamental de la celebración.

En esta acción litúrgica, que hemos de tener presente que no es una Misa, contemplamos la cruz no como instrumento del suplicio del Señor, sino como exaltación del amor de Dios por la humanidad, un amor que es más fuerte que la muerte. En la cruz adoramos el sufrimiento que redime y salva. La cruz es el amor superior, total y eterno. Es el amor con que Dios nos ha amado.

El Viernes Santo es el día en el que se concentra la imaginería que vemos en nuestros magníficos pasos de Semana Santa… En ella podemos ver al Señor azotado en la columna, arrastrándose a gatas por los suelos, cargando con el pesado madero de la cruz sobre su hombros, esperando con humildad y paciencia el momento de ser crucificado… Y como no, la imagen majestuosa y señorial del Señor entronizado en el altar de la cruz, como auténtico rey de cielos y tierra que ha estado dispuesto a dar la vida por su pueblo para salvarlo de todos sus males. Por eso el pueblo fiel, le acompaña silencioso a su sepultura, y acompaña a María Santísima en su amarga soledad y en su dolor…

Por ello, durante el sábado santo, los signos del altar desnudo, del sagrario vacío, de las lámparas apagadas crean la sensación de una ausencia. Es un día de luto, pero de espera. Un día en el que domina el silencio, pero un silencio que tiene lugar en medio de una gran paz.

¿Por qué hay paz? Pues hay paz porque ha habido cruz. Y es que la muerte de Cristo es victoriosa porque con ella la muerte ya no es el fin. No. En la muerte de Cristo, la muerte muere. El sábado santo venera el descanso de Jesús en el sepulcro, su bajada a los infiernos, el encuentro misterioso con todos aquellos justos que esperaban su victoria y que las puertas del cielo se abrieran.

Pero el Sábado Santo es también el día de María Santísima. Hoy la Iglesia entera acompaña a María, la Madre dolorosa en la experiencia sufriente de su soledad.

Pero el Sábado Santo da paso al Domingo por excelencia. Y así, cuando el sol ha dejado de alumbrar con su luz, y la oscuridad de la noche parece que se cierne victoriosa con sus tinieblas, los cristianos celebramos la Solemne Vigilia Pascual. El momento crucial de la Resurrección del Señor, el acontecimiento que funda y configura la historia, el nuevo renacer que hace nuevas todas las cosas.

De este modo la pascua es memoria (Cristo muerto y resucitado), es misterio (nosotros ahora, incorporados a Cristo estamos pasando de la muerte a la vida) y es profecía o anticipación del futuro (participando de la pascua, anticipamos en nosotros la vida eterna).

Y tras la Vigilia pascual, los devotos de María Santísima de la Cabeza felicitamos también a nuestra amadísima Madre con el canto de la Aurora, dejando que el alegre sonido de las campanillas rasgue la oscuridad de la noche y anuncie, “a nuestra manera” la Victoria de Cristo sobre la muerte.

Así, cuando el domingo los rayos del sol alumbren el cielo, y el Señor resucitado pasee por las calles de nuestro pueblo, anunciaremos a los cuatro vientos que ese el día que hizo el Señor, el día de la alegría y del gozo. Porque Cristo ha resucitado, y en su resurrección todos hemos sido salvados.
By.- R,C

sábado, 12 de abril de 2014

Oficios y ejercicios de Piedad en la parroquia de San Francisco de Asís.



Los horarios de los oficios en la parroquia de San Francisco de Asís durante esta Semana Santa serán los siguientes.
Domingo de Ramos

10:30 hrs Bendición de las palmas en la parroquia de San Francisco de Asís y solemne celebración Eucarística en la parroquia de Santa Catalina Mártir.

Jueves Santo

19:00 hrs Misa de la cena del Señor.

23:30 hrs Hora Santa ante el Monumento.

Viernes Santo

11:00 hrs Vía Crucis.

18:00 Oficios de la muerte del Señor.

Sábado Gloria

21:30 hrs Solemne Vigilia pascual.

Domingo de Resurrección

19:30 hrs Misa de Pascua.
By.- A,A Fuente.- Calendario de cultos y oficios cuaresmales de Rute 2014.

jueves, 21 de marzo de 2013

Horarios de oficios y ejercicios de Semana Santa.




Horarios de los oficios y ejercicios de Piedad 2013
Parroquia de San Francisco de Asís
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Jueves Santo
19:00 h.- Misa de la Cena del Señor
23:30 h.- Hora Santa ante el monumento

Viernes Santo
11:00 h.- Vía Crucis
18:00 h.- Oficios de la muerte del Señor

Sábado Santo
21:30 h.- Solemne Vigilia Pascual

Domingo de Resurrección
20:15 h.- Misa de Pascua de Resurrección 
By.- A,A



La Virgen de la Cabeza y su Real Santuario.


Curiosidades

* Nuestra Virgen de la Cabeza posee cuatro coronas, cada una de ellas con su correspondiente corona para el Niño Jesus.La mas antigua de ellas es la que le regalo Juan de Piedra en el año 1788, es de plata en estilo imperial.Le sigue en antigüedad la donada por Agustina Mangas en el año 1872, es también en estilo imperial dorada.En el año 1953, Maria Susana Ariza le regala otra corona, que le es impuesta el 10 de mayo de ese año por el Canónigo ruteño D. Jose Torres Molina, para esa efemérides se confecciono un trono de claveles blancos.La corona es de estilo imperial con aureola.Posteriormente, en el año 1986 Francisco Martinez le regala la corona con la que el Obispo de Córdoba, Jose Antonio Infantes Florido la corono canónicamente.

* El regalo mas pintoresco que se ha puesto en la Mesa fue un burrito (de carne y hueso por supuesto).


* El recordado "Pacorro" fue cohetero de la Virgen durante mas de cincuenta años.

* Antiguamente el Hermano Mayor ofrecía a los hermanos de varal, una vez terminada la procesión de la mañana, una comida consistente en Borrego con patatas, que se preparaba en la fabrica de Anis Machaquito.Por supuesto no podían faltar varias arrobas de aguardiente y de vino.

* En el siglo dieciocho era costumbre contratar a un grupo de "gitanos" para que cantaran delante de la Virgen en su procesión.

* En el año 1948 se contrato una pirotecnia distinta a la que se venia contratando habitualmente y los cohetes eran tan malos, que ni poniéndoles gasolina ardían.

* Durante muchos siglos el viaje a la Romería de Andujar se hacia a lomos de caballerías, cuando llego la locomoción mecánica, se inicio la costumbre de acudir en camiones, y cuando llegaron a Rute los primeros autocares se emplearon estos para ir a la Romería.Estos autocares pertenecían a la Empresa Sanchez, y eran los mismos que cubrían la linea Rute-Lucena, por lo tanto mientras que los autocares estaban en la Romería se interrumpían los viajes entre Rute y Lucena.

* Durante mas de veinte años, acompaño en sus dos itinerarios a nuestra Virgen de la Cabeza la Banda de Cornetas y Tambores del Tercio Móvil de la Guardia Civil de Sevilla.Este acompañamiento se convirtió en una tradición, hasta que por una orden gubernamental este acuartelamiento se desmantelo y por consiguiente la Banda desapareció.


* Salida extraordinaria.- Con motivo de la guerra con Marruecos mando el Obispo Juan Alfonso Albuquerque Berión, sacar en procesión de rogativas a las imágenes que mayor devoción y culto recibieran en cada localidad saliendo en Rute nuestra Morenita el día 18 de Diciembre de 1859.

Nos cuentan las leyendas.......

Según cuenta la leyenda, una noche al volver los hermanos de cantar la aurora, se dispusieron a oír la Santa Misa, por aquellos tiempos era costumbre cubrir el camarin de la Virgen con un velo cuando no había culto, pues el llano estaba de tierra y así se impedía la entrada de polvo.Cuando tiraron de la cuerda, vieron que el velo no subía, entraron al camarin a arreglar la avería y vieron asombrados el borde inferior del manto de la Virgen mojado y cubierto de escamas; nadie supo dar una explicación a tan extraño fenómeno.
Pasado el tiempo, unos soldados ruteños que habían vuelto de la guerra de África, contaron que una noche, cuando se dirigían en barco a tan lejanas tierras, les sorprendió una terrible tormenta,entonces acordándose de que era sábado, y la aurora de la Virgen de la Cabeza estaría en la calle, rezaron juntos a la Virgen para que les salvara de una muerte segura, de inmediato la tormenta ceso y el mar entro en calma.Fue entonces cuando los hermanos supieron dar explicación al manto mojado y cubierto de escamas.

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...Una tarde al abrir el cura la iglesia, vio como la Virgen de la Cabeza se encontraba girada hacia su izquierda, mirando hacia el segundo llano, pensó que la noche anterior la Camarera hubiera subido al Camarin para arreglar algo en el vestido de la Virgen y había olvidado colocarla de nuevo mirando al frente, subió acompañado de dos monaguillos y la puso bien.Una vez finalizado este cometido, se dirigió al confesionario para atender a los fieles, observando a los pocos minutos que la Camarera de la Virgen entraba a la iglesia para oír la Santa Misa como hacia casi todos los días, se dirigió a ella para comentarle su olvido, contestándole esta que llevaba varias semanas de no subir al Camarin, asombrado el cura pensó que podían haber entrado ladrones, subieron al Camarin, a la Virgen no le faltaba nada de sus adornos, las puertas y ventanas de la iglesia estaban bien, no faltaba ninguno de los enseres de las diferentes capillas y altares.Nadie supo dar explicación de este fenómeno, y hasta el día de hoy es un misterio el porque la Virgen se giro aquella noche.

Presidentes de la Real Cofradía

En el año 1961 se aprueban unos nuevos estatutos, creándose en ellos el cargo de Presidente, desde entonces nuestra Real Cofradía ha tenido los siguientes presidentes:

- Francisco Salcedo Repullo:1961-1972
- Alfonso Cruz Ferreira:1972-1977
- Pedro Alarcón Luque:1977-1982
- Francisco Martinez Romero:1982-1986
- Francisco Ramírez Bueno: 1986-1990
- Comisión Gestora: 1990-1996
- Zacarias Jiménez Jiménez:1996-2004
- David Ruiz Cobos: 2004-2008
- Manuel Caballero Domínguez: 2008-2012
- Antonio Pacheco Montes: 2012-2016
- María Victoria Cruz Molina: 2016-2020
- Comisión Gestora: 2020-2022
- Andrés Cobos Moreno: 2022-2026
- Juan José Piedra Sánchez: Actual presidente
* Según la normativa vigente de la Iglesia, el tiempo máximo que una persona puede ocupar el cargo de Presidente es de ocho años consecutivos.