
Desde hace muchos siglos, la Iglesia ha consagrado el mes de Mayo a María, la Reina de Reinas y flor de las flores. Queremos por ello, como devotos de María Santísima, hacer desde este blog una sencilla oración a la Virgen, que invitamos a recitar también, con el corazón en la mano, a todos nuestros lectores:
Oh María, oh dulcísima, oh dueña mía!. Vengo a entregarte lo poco que poseo yo, pues sólo tuyo soy para que lo pongas en oblación ante el Trono de nuestro Señor. Te doy mi voluntad, para que no exista más y sea siempre la Voluntad del Padre Celestial.
Una de las prácticas más populares que la piedad popular dedica este mes a nuestra Madre es la conocida como “el mes de las flores”, en la que cada día del mes de mayo se propone una meditación tomando como ejemplo una flor, relacionada con una virtud. De este modo, a lo largo de todo el mes, meditando las virtudes que nos presenta la devoción, y con el rezo del Santo Rosario iremos formando un ramo de flores para la Reina de los cielos, ramo que nuestros Santos Ángeles custodios le llevarán en actitud de veneración.
La hermosura que presentan los distintos paisajes durante este mes de mayo, mes en el que vemos que los campos están en la plenitud de floración, en la que la viveza de los colores estalla e ilumina nuestros sentidos, nos debe invitar a recordar a Dios, Creador de toda la belleza, pues la belleza, como decía el prestigioso teólogo Hans Urs von Balthasar, es uno de los medios para llegar a conocer a Dios. Y la obra más bella de la creación, después de la naturaleza humana del Hijo de Dios, ha sido la Santísima Virgen María, la “flor de las flores”, a la que pedimos que muestre “de su gloria los resplandores”.
Por eso, como nos han enseñado nuestros mayores, hagamos también nosotros nuestra esa invitación de la religiosidad popular que nos invita a:
Venid y vamos todos,... con flores a porfía,... con flores a María... que Madre nuestra es.
By.- R.C
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