
El próximo domingo día 30, es uno de esos días en los que uno piensa que el mejor artículo sería callarse –literariamente hablando-, y ponerse en silencio ante el misterio; porque si de verdad tenemos un misterio los cristianos, es el que este domingo celebramos: la Santísima Trinidad; el misterio de Dios Uno y Trino; el enigma de un solo Dios en tres Divinas Personas.
Este misterio de la Santísima Trinidad podemos decir que es el corazón de nuestra fe, porque nos habla de la vida íntima de Dios. Es central en nuestra fe y está muy presente en toda nuestra vida. En efecto, si nos fijamos bien, toda celebración cristiana está empapada de la luz de la Trinidad. Hemos sido bautizados en su nombre – Yo te bautizo (dijo el sacerdote) en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo)- y empezamos el día invocándola con la señal de la Cruz, y también con esta invocación comenzamos las celebraciones litúrgicas, y las acabamos recibiendo la bendición. Y en muchos otros momentos. Todo lo hacemos en su nombre y por su gloria. Todo lo hacemos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Y es Jesucristo quien nos abre los ojos para admirar y para contemplar la riqueza extraordinaria de la vida íntima de Dios, que, a pesar de ser impenetrable, nos deja entrever una maravillosa comunión en Dios, que nos invita a poder tener una vida interior más plena, contemplando su belleza.
Por Jesús sabemos que Dios no es un ser solitario. Jesús nos manifiesta que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un solo Dios en tres personas. Esta es la gran revelación de Jesús. Él nos abre la puerta del misterio y lo hace de un modo sencillo y llano. Él no nos quiere complicar la vida. Él nos acompaña y nos invita a penetrar en los secretos de Dios.
Pero a pesar de todo ello, no es fácil hablar de Dios, aunque tengamos una fuerte experiencia religiosa y la mística divina nos empape. Con frecuencia se oye que Dios es inefable, indefinible, imposible de expresar porque supera todas nuestras medidas y categorías. Por todo ello se dice que Dios es misterio, aunque un misterio sublime que nos atrae y nos estremece, ante el cual, como decía al principio, lo mejor que podemos hacer es contemplar y callar. Tal vez por eso hoy es el día eclesial de los contemplativos, de esos cristianos cuya vocación no comporta hacer algo especial, sino simbolizar hasta qué punto Dios atrae y cómo es capaz de capitalizar radicalmente toda una vida.
Todos los hombres y mujeres del mundo, todos, sin excepción, hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Por eso esta fiesta nos invita a vivir en comunión con los demás, a romper las barreras que nos alejan de los hermanos, a amarnos de verdad, a crear vínculos de unión con todo el mundo, a hacer de nuestras comunidades una verdadera familia de hermanos y hermanas que nos amamos unos a otros. De esta manera nos pareceremos un poco más a la vida de plena comunión de la Santísima Trinidad.
Y como no, tenemos que pedirle a Santa María, la Virgen de la Cabeza, Hija de Dios Padre, la Madre de Dios Hijo, y la Esposa de Dios Espíritu Santo que haga de nosotros hombres y mujeres trinitarios, hombres y mujeres que estemos invadidos del amor y la cercanía de ese Dios Uno y Trino, y nos dé fuerzas para seguir con confianza el camino de Jesús en nuestra vida.
By.- R,C Fotografía .- Wikipedia
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