


Es muy difícil describir lo vivido en Rute en este pasado fin de semana. Hacer una simple crónica, simplemente describir lo ocurrido, seria simplificar demasiado, todo ese arsenal de sentimientos que se ha derramado en estos días, hacia la Virgen de la Cabeza.
Como describir esos ríos de gente llevando flores a la Virgen, como un simple numero, como algo que ocurre espontáneamente, o como una muestra de devoción sincera plasmada en un ramo de flores, con la ilusión, de dejarlo a las plantas de la Señora y tenerla aunque sea por unos instantes muy cerquita.
Como describir el Segundo Domingo de Mayo, todo lo vivido, es imposible, porque es imposible describir los sentimientos, y ese día es puro sentimiento, de un pueblo, Rute, a su Virgen, la Virgen de la Cabeza; porque la Virgen de la Cabeza es de todos los ruteños, sin importar su clase social, su ideología política, o el barrio donde se haya nacido. Porque Ella es Madre de todos, y una Madre no hace distinciones entre sus hijos.
Ayer fue un día para decir un montón de cosas a la Virgen, entre pétalos de rosa, canciones, vivas y oraciones, le dijimos, entre otras muchas cosas:
Que la Queremos, porque es la mejor Madre, que siempre escucha, que siempre comprende.
Que siempre estamos con Ella, aunque vayan pasando los años, aunque cambien las circunstancias de nuestra vida, allí estamos, fieles a la cita con nuestra Madre.
Que aunque a veces soplen malos vientos, nos unimos más, porque nadie nos va a hurtar nuestra forma de quererla, nuestra forma de festejarla.
Le decimos también que cuando la miramos a la cara, nos acordamos de los que ya no están, de los que estuvieron otros años con nosotros y se fueron con Ella, de nuestros antepasados, que también la festejaron, y fueron felices teniéndola como Madre.
Ayer, Rute le dijo, de mil maneras, a la Virgen de la Cabeza, que la quiere, que la venera, y que quiere que siga siendo su Madre y Protectora.
By.- Z,J
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