
Se acerca el día de tu romería, María, Señora Morena. Se acerca el día en el que la imagen de nuestra Virgen de la Cabeza volverá a salir a nuestras calles y volverá a pasar por delante de nuestras casas.
Y nos estamos preparando para esto. Llegamos de varios lugares para celebrar el XXV aniversario de su Coronación canónica, para estar con ella. Una vez más se van a hacer realidad las palabras de María del evangelio: “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el poderoso ha hecho obras grandes en mí”. Una vez más nos preguntaremos, asombrados: “Yo no sé que tiene mi virgencita de la Cabeza, que de todas partes viene la gente sólo por verla.”
Yo no sé que tiene, que nosotros, como Juan Bautista en el vientre de su madre, saltamos de gozo cuando la vemos, y como su prima santa Isabel le decimos: ¿Quién soy yo? “¿Quién soy yo para que venga a mi la Madre de mi Señor?”
Yo no sé que tiene, que en u mundo en el que la gente piensa cada vez menos en Dios, ella sigue estando presente en la vida de tantas y tantas personas. Muchas veces será sólo un vago recuerdo, un echarle una mirada a un cuadro o a una estampa suya...¡Pero ahí está!
Yo no sé que tiene, que siempre que nos acercamos a su bendita imagen; interiormente sentimos una paz y un sosiego que son difíciles de expresar. Una paz que llena el alma de gozo, de alegría; una paz que nos ayuda a sentir a Dios más cerca de nosotros.
Y podríamos hacernos muchas más veces esta pregunta: “Yo no sé que tiene”, y seguiríamos sin encontrar una respuesta exacta al interrogante; y nuestra única conclusión volvería a ser: “Yo no sé que tiene mi virgencita de la Cabeza, que de todas partes viene la gente sólo por verla”.
Y la vemos aquí: reluciente, hermosa; como la mujer que nos presenta el libro del Apocalipsis: “Vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”; del mismo modo que le cantamos en el Himno grande: “Miradla aquí, radiante de hermosura, bella cual sol que en el oriente brilla”, que le cantamos a “nuestra Madre, "la Reina de esta villa”.
Han pasado ya 25 años desde que Monseñor José Antonio Infantes Florido coronó canónicamente la imagen de nuestra Morenita. Coronar canónicamente una imagen de la Virgen María, es un reconocimiento de la Iglesia a una devoción; un reconocimiento a que esa imagen de la Virgen María mueve a los fieles hacia un amor sincero y a una fuerte e intensa devoción hacia ella.
Pero el hecho de que la imagen de la Virgen de la Cabeza esté coronada canónicamente, no debe quedarse sólo en un motivo de orgullo para nosotros, sus devotos, que lo es; sino que tiene que ser un estímulo a perseverar, a profundizar en nuestro amor y devoción hacia ella. Y nuestra devoción, ya lo sabéis, será plena y verdadera cuando cumplamos en nuestra vida su mandato: “Haced lo que Él os diga”, cuando seamos, como ella, dichosos por escuchar la palabra de Dios y cumplirla.
Y notaremos que nuestra devoción hacia ella será verdadera cuando espontáneamente brote de nuestro interior la alabanza a Dios, como le brotó a María: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador”.
Hace 25 años, la devoción popular coronó a nuestra Madre Morenita con una corona de oro.¿Con qué vamos a coronar hoy nosotros a nuestra Madre? ¿Con qué? Pues con coronas de fe y devoción agradecidas. Con coronas de confianza y de amor. Trabajando por transmitir y propagar la devoción hacia ella.
Estos día especiales volveremos a felicitar a nuestra Madre, a nuestra Virgen de la Cabeza, como un nuevo mes de mayo, porque el poderoso ha hecho obras grandes en ella. Y la felicitaremos como lo han hecho las generaciones que nos han precedido; y le diremos cantando que estamos ahí “para decirte mil veces: ¡ay que guapa, que guapa eres; para decirte mil veces: guapa, y bonita la Morenita”. Esa es nuestra forma de felicitar a María, pero os vuelvo a insistir: que esa felicitación y esos piropos tienen un fundamento; que tiene que ser el evangelio; el buscar llevar una vida cristiana en condiciones: es una tarea difícil, muy difícil; pero la devoción a la Virgen María cobra ahí su sentido: en querer superarnos día a día, en querer se cada día mejores.
Nuestra devoción a la Virgen de la Cabeza, a nuestra Morenita, se caracterizará porque buscaremos día a día hacer la vida agradable a los demás; en que lucharemos día a día por hacer un Rute mejor, un pueblo unido, que será de ese modo la verdadera corona de la Virgen de la Cabeza, una corona que relucirá mucho más que el oro.
Permitidme terminar estas reflexiones con un poema que le escribí a la Virgen allá por el año 2003.
Qué tienes, Virgen Morena, que inspiras tal devoción?. Pues sólo con mirarte nos robas el corazón. ¿Qué tendrá tu bendita imagen que resulta cautivadora? Que se imprime en nuestras almas y contemplamos a toda hora. Virgen de la Cabeza,lo digo con el corazón: ¡Eres la Reina del cielo! más grande que tú, ¡sólo Dios!
Escucha a este tu pueblo,
que fervoroso, fuerte grita:
¡VIVA LA VIRGEN DE LA CABEZA!
¡VIVA LA MORENITA!
By.- R,C
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