
Reflexiones Cristianas (II)
Una vez, un maestro de escuela se encontraba tomando la lección a sus alumnos, concretamente la lección de historia; y llegado el momento, preguntó a uno de ellos: “Manolito, ¿qué nos han dejado los romanos?”. Y la respuesta de Manolito fue la siguiente: “Ruinas, señor maestro, muchas ruinas”.Podéis imaginaros que la carcajada en la clase fue enorme, y la cara del maestro... bueno, de la cara mejor no hablar, porque le cabía un pan por la boca.
Pero si nos paramos a pensar ahora seriamente sobre esta respuesta, veremos que no es tan descabellada, porque quien dice los romanos, puede ponerse a preguntar por la calle a la gente sobre quien fue Kierkegaard, Fabila, Escapula, etc, etc, etc... Personajes que en su momento estuvieron llenos de luz y de esplendor, pero que han pasado como estrellas fugaces, algo parecido a la canción del verano, y que pasado el tiempo, han ido a parar a ese sepulcro tan desagradecido que son los libros de historia.
Pero mira por donde, hay una persona que no pasa de moda, sino que está día tras día presente en la vida de muchísima gente; y eso que es una persona que vivió hace dos mil años.Ya os podréis figurar todos que me estoy refiriendo a la Virgen María, como es lógico. ¿Qué tendrá la Virgen María; que después de tanto tiempo, no sólo no ha pasado de moda, sino que encima la gente sigue acordándose de ella?, o dicho con otras palabras: “Yo no sé que tiene mi Virgencita de la Cabeza, que de todas partes viene la gente sólo por verla”.
Pues muy sencillo: que la Virgen María es nuestra Madre; la madre de todos los hombres, sin excepción; y hombre, lo corriente es que una persona normal quiera a su madre, ¿no?; porque si se da el caso de que una madre quiera a su hijo, y este hijo la desprecie y la rechace...¡bueno!, es que esa persona es lo más desagradable y detestable que hay sobre la faz de la tierra.
Pero es que además, la Virgen María tiene una cosa especial, y es que María es una persona que está viva. Sí, sí, viva. María vive porque Cristo, su Hijo, le ha dado la vida.
Fijaos que cosa más bonita: Jesús de Nazaret, Dios mismo, ha querido que su Madre disfrute ya del gozo de la resurrección y de la vida eterna; vamos, que no le dio la divina gana a Nuestro Señor de que el cuerpo de María Santísima se pudriera en la tumba, y punto.
Pero si esto es bonito, lo verdaderamente grande es que algún día hará con nosotros lo que hizo hace dos mil años con María; porque nuestro destino, es vivir para siempre. Pero bueno, no queramos ponernos nosotros ahora al nivel de la Virgen María; o sea, que cuando nos llegue la hora de morirnos, pues paciencia; que a nosotros nos llegará la resurrección un pelín más tarde; pero nos llegará, porque eso es lo que confesamos en el credo: “espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”.
Nuestro mirar a María, a nuestra Virgen Morenita, vestida de esplendor y de joyas; quiere decir que miremos al futuro, que en ella vemos a la humanidad plenamente realizada. Que María es un espejo de la vida que Dios quiere darnos a todos nosotros; y por eso, nuestra Virgen de la Cabeza nos invita a la alegría, al gozo, a la esperanza.
Virgencita de la Cabeza; Reina y Señora de Rute, ayúdanos a preparar con alegría estos días que quedan para esa gran fiesta del recuerdo de tu coronación; que nos preparemos con gran alegría, con la alegría que nace de sabernos hijos e hijas de Dios.
By.- R,C
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