
Así se puede denominar la escena que se vive en estos días en el altar mayor de nuestra parroquia, es como si un trocito de cielo hubiera descendido hasta nosotros, como si desde la Gloria, la Santísima Virgen, el niño Jesús y San José estuvieran en el dieciochesco camarín de nuestra Virgen de la Cabeza.
La escena que podemos contemplar es verdaderamente deliciosa, delicadamente sublime, que demuestra un gusto exquisito, es una verdadera lección de teología.
La Virgen de la Cabeza, sentada, sostiene sobre su regazo al Divino Infante; San José, en posición de adoración, contempla al Salvador, al Dios hecho Niño. A sus pies, dos Ángeles sostienen, uno un incensario, y otro una tela de encaje, sobre la que descansan los símbolos reales, el cetro y la corona.
La Virgen Reina, sostiene al Rey de Reyes y Señor de Señores; al Verbo Encarnado nacido para ser la salvación de la humanidad.
En la Misa del Gallo del día 24, a la hora del Gloria, donde el Orbe Cristiano celebra el nacimiento del Mesías, se ilumino el camarín, y los fieles presentes vieron esta escena, y fue como si el cielo bajara hasta nosotros.
Una Misa del Gallo con una gran asistencia de fieles, presidida por el Rev. P. D. Carlos Gimenez Albiach, y con la inexplicable ausencia del Coro de Romeros de la Virgen de la Cabeza, que rompía así una tradición de mas de treinta años. El Acompañamiento musical corrió a cargo de un coro de feligreses de San Francisco de Asís, con la presencia del órgano tocado por el reverendo P. D. David Ruiz Rosa, y que a pesar del poco tiempo que han tenido para ensayar, lo hicieron verdaderamente bien. Con Villancicos tradicionales acompañaron la Eucaristía.
Una Nochebuena de verdad, en donde se celebro lo que ocurrió hace mas de dos mil años, en una aldea de Judea, en Belén.
By.- Z,J
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